Una carta al tío Boonmee (A Letter to Uncle Boonmee, 2009) Apichatpong Weerasethakul

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La memoria es un arma. 

“En Tailandia se ha hecho muy difícil no hablar de política, y es algo que también ha afectado al cine”. Esta frase o casi sentencia es del director tailandés Apichatpong Weerasethakul y es un fiel ejemplo del objetivo que trata de conseguir con su cinematografía, en concreto en el plano cortometrajista. Si sus largometrajes bailan  entre la búsqueda de la memoria histórica y familiar, la desaparición y sobre todo la muerte en todas sus formas místicas, sus cortometrajes profundizan en el primero de los rasgos anteriores por encima del resto. El propósito: sumergir al espectador en un proceso de anclaje y de no olvidar la memoria de un país, sus atentados cívicos y la despoblación de aldeas usurpadas por la insaciable industrialización. Bajo estas premisas surge Una carta al tío Boonmee(A letter to uncle Boonmee, 2009). Los casi veinte minutos de metraje abordan lo acontecido a un pueblo del norte de Tailandia, Nabua, que durante los últimos años se ha ido extinguiendo hasta quedarse apenas sin habitantes. Los restos son tres soldados que se quedan en dicha aldea y no paran de repetir, casi a la vez, una carta dirigida a una persona llamada Boonmee.

El director no parece enfrentar sus cortometrajes a ningún género en concreto, oscila entre la ficción y lo documental apoyado por un uso inteligente del sonido, clave en la filmografía del director tailandés. El uso de las tres voces obedece a una intención narrativa casi poética, en el que por momentos, las imágenes adoptan ciertos símiles con las palabras emanadas de los soldados. Se obtiene una comunión audiovisual que permanece fortalecida para arengar, todavía más, el sentimiento de protesta hacia la gestión instalada en el país asiático. Es una forma de expresión única. Los movimientos de cámara oscilan entre rapidez o quietud, creando una sensación de incertidumbre, como el movimiento de un fantasma entre las paredes de las cabañas, como si la cámara fuese el espíritu del tío Boonmee al que son dirigidas las cartas. Tanto en este título, como con su casi hermano Fantasmas de Nabua (Phantoms of Nabua, 2009), Weerasethakul consigue evocar a través de la memoria y del recuerdo, con una firma muy propia, cuestiones políticas y sociales.

Texto de Manuel Rodríguez

Alumno del Máster de Crítica Cinematográfica de la ECAM realizado en colaboración con Caimán. Cuadernos de Cine

Una carta al tío Boonmee se proyecta en el Círculo de Bellas Artes (Cine Estudio) el 27 de junio a las 19:30: https://spainmovingimagesfestival.com/asian-classics/